domingo, 12 de junio de 2011

VOL.2



Liquid Dimension

Míreme. Estoy en este país tan extraño que ni nombre tiene. No es la primera ni será la última vez que camine por estas calles, que aunque desconozca aún mantienen el eco de mis anteriores pasos.
Usted no entiende de lo que le hablo, ni siquiera sabe quién soy, pero aquí estamos, usted y yo. Para que aprenda a reconocerme le doy este dato; estoy perdido y asustado, y me da miedo que lo sepan, entonces fumo y me quedo en la esquina que me angustia, como si estuviera esperando a alguien. Esta ciudad derrama citas por sus ventanas, de manera simultánea. Todos tenemos algún compromiso a toda hora; con el analista, con la persona que aún no conocemos y se conecta a las 21 en punto, o con un amigo de un amigo de un conocido con quien se pueda llevar a cabo un proyecto. Algunos tienen que encontrarse con el riesgo, otros con el deseo de ser queridos. Esta ciudad es una calesita de citas previas y desencuentros, de vanas expectativas y estímulos involuntarios.
Eso que deseamos aquí no existe, no llega nunca. En las mañanas nos despierta el ruido de la escoba de una mujer baldeando un patio, o esa cosa gutural que hacen las palomas o las torcazas –vaya uno a saber- entonces nos despertamos de ningún sueño y en ningún despertar, porque todo es vigilia de ausencia que no se sabe a quién recuerda. Este país es trágico porque nos asegura seguir viviendo en la clandestinidad de nosotros mismos, porque esto también quiero que lo sepa: somos ajenos nuestros, y nuestro único vecino.
Aquí, con tijeras de alcohol nos podan la tristeza condenándonos a permanecer inestables y en estado de exploración permanente. Las lenguas son grises y las palabras nunca dan en el blanco, tan sólo se aproximan a tientas y algo queda dando vueltas sin definición, es curioso pero aquí arremete el abandono y la urgencia, y nuestra voz hace cucharita con el corazón.
El tiempo se estira y los espejos se arrugan, entonces, nadie se prepara para alguien. El dolor propio se agranda con la indiferencia ajena y en algún momento del día miramos de reojo el horizonte para ver si está quien amamos.


  Promete que te quedarás conmigo

No le extrañaba acariciarle la espalda y no tocarle las alas (él las replegaba para no mostrarse distinto a todos).
Ellos (se turnaban) eran el río que el otro navegaba hacia un océano oscuro. La profundidad inminente, riesgosa, el peligro de ahogarse y también la superficie del aire, pero ese fue un amor de seudónimos, urdido para engañar corazones.

La confusión nace por desconocer la cardiobiología metafísica.
Durante la lima de los agostos, como diría Luc, el corazón consternado se rebela y aumenta el volumen extendiéndose hasta provocar grietas en el tórax.
Es así que en su carrera descendente choca contra el diafragma primero, luego el estómago, y el páncreas cierra la maratón, pero hacia arriba encuentra el camino liberado si halla el esófago y luego la garganta (de ahí viene el famoso nudo)
En ese movimiento ciego y doloroso choca violentamente con la lengua y se funde en ella. Consolidando un solo músculo, un solo órgano.
El corazón no sabe hablar y la lengua no sabe sentir. Esto significa que no se entenderán y uno terminará diciendo muchas boludeces al intentar revelar sus acciones.
La mente trata de organizar el discurso pero termina neurótica y subordinada al nuevo poder cardiolingual.
El punto es que el nuevo órgano al no manejar el uso de las palabras no puede dar respuestas a cientos de preguntas. Entonces busca el camino hasta la memoria para borrar las cosas que dañaron y comenzar a creer en los placeres. Lo que pide es algo de alivio pero la repuesta la tiene el otro.
Entonces uno sube al colectivo, se va hasta el último asiento, se desploma y lo aplastan las penas hasta entrar en el torrente sanguíneo.
Mar del Plata, noche, gente, frío. 
“Si estuvieras acá conmigo sabrías de lo mal que me hace que no estés conmigo” 
En los colectivos, los boletos no incluyen suicidio, y por eso sabe que debe bajar.

Sube al colectivo y vuelve a casa. 
No hay nada para contar y poco donde morir…



Nada hace que estés aquí, ahora; y sin embargo estás.
Perderte no es tan doloroso como no haberte aliviado.
Tu vuelo es un naufragio que atraviesa puertas ocultas en el aire.
No alcancé a decirte la otra noche, mientras escapabas por la ventana, que no hay cerraduras en el viento, que vueles por donde vueles nadie escapa en el cielo.
Sé, aunque digas lo contrario que te seguiré viendo, pero no alzo la mirada para que no contravenir tu ilusión y permitir que sea cierta.
Aprenderé a nombrarte en silencio y acallar los murmullos que inauguraste. A extrañarte de 23 a 7 de la mañana, que es la hora en que mi esperanza niega el insomnio y en las que a veces también me acompañas.
Los lunes mis palabras frecuentan la soledad de la semana, preparándome a que te fugues con mi deseo de fugar. Los martes, la soledad se confirma.
Quedan: arrugados pisos, empapada luna, y la noche oscura, llamándote.

  
¡Oh..Desgracia! (Como dirían los grandes poetas)

Él navega mansamente por su silencio sin pensar en palabras que le anclen las derivas, lo sustantiva poniéndole sombras que lamen la distancia.
Estoy ahogado en este idioma y respiro las metáforas de su voz. Como un combate ausencia a ausencia sólo queda olvidarlo y resignarme a que pendulen unos cuantos recuerdos, pero la memoria es una inútil que aumenta las heridas sin matarme.
No hay alcantarillas en el lenguaje. Debiera aspirarme yo mismo. Dejar la nariz de lado y colocarme sobre la mesa, ordenado, medio en líneas parejas y luego aspirarme. Una nariz sola puede salvarse.
Todo el sonido está en este océano y siempre será de agua el lazo de la horca.


5*

... a esa hora de la curvatura y del descenso de los volúmenes, uno empieza a sentir que hay reparo, que en el fondo de alguna célula se acumula un rayo que nos desborda. Entonces uno juega a ser amante, a prometer el menor movimiento -la dinámica nos dispersa- y a sentirse débil y poderoso, falto y supremo. Entonces se encienden, cuando los otros se entrecierran, los ojos de la noche y aparece lentamente la fragancia de los ángeles y el placer de los mortales, al abandonar los cementerios.

Un tizne de brújula señala tus manos entregadas en vísperas de ocaso para ser derribadas por mis dedos, las veo quietas e impacientes, mojadas, dispuestas a sentir la danza sobre mi pecho.
Rodeados de sangre todo es más húmedo, rodeados de humedad todo es más sangre.
Y te niego tres veces antes que caiga tu remera, para deslizarme por tu espalda hiriéndote como una belleza que asoma.

En algún lugar se embriagó la voluntad. Las cortinas, la ventana, el sillón, hacen un esfuerzo por capturar mi mirada y salvarte, para permitir que otra noche más la presa se escape, pero alcancé a morderte el cuello, a desgarrar tu indiferencia, a inyectarte la pulsión transformándote en polvo del tiempo, en pátina del aire, en abrigo del misterio.



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