Y allí sentados, en el parque que compartían con cientos de animadas familias, estaban ellos dos, bajo la sombra de un enorme cerezo, que derramaba pétalos de un rosa pálido sobre sus cabellos. Hablaban animadamente, sentados sobre un suave mantel en colores tenues que él había llevado.
Unos niños pasaron corriendo velozmente por allí, con sendas pistolas de agua, de modo que mojaron el mantel. ÉL puso los ojos en blanco, y trató de secar la mancha con el dorso de la mano.
-No entiendo la gracia de las pistolas de agua -se quejó.
-¿Es que acaso nunca fuiste niño? -le preguntó él, con una sonrisa divertida.
-Sabés a qué me refiero -se quejó el joven, acomodando sus cabellos renegridos. Sus ojos oscuros relucían con energía. Llevaba una hermosa remera blanca que favorecía al intenso pero cálido tono de su piel.
-En parte -admitió él-. Supongo que si hubiese hecho lo que esos niños, mi madre me habría dado una buena tunda...
Sólo esa frase alcanzó para que se hiciera silencio. Él dejó de intentar secar la mancha. Se quedó quieto, con la mano extendida, y los ojos perdidos. El bajó la mirada y apretó los labios. Estuvieron un buen rato así, paralizados, expectantes, hasta que él se acomodó y se sentó erguido. Suspiró, pero él no se movió, siguió con aquella expresión tensa.
Él se dio cuenta de que él no volvería a hablar, por lo que se puso de pie y le tendió una mano. Sólo ahí, él lo miró sorprendido.
-¿Qué ? -le preguntó.
-Vamos a jugar -le indicó el.
Más por curiosidad que otra cosa, él tomó su mano y permitió que aquel lo guiara. Mayor fue su sorpresa y su curiosidad, cuando él comenzó a girar tomándole ambas manos. Así comenzaron a girar, él lo miraba reírse con los cabellos y la sonrisa al viento, cerrando los ojos, sus mejillas tomando color, y brillando más que el sol y cualquier otra persona.
De pronto, sin proponerselo, se estaba divirtiendo y todo lo demás estaba olvidado.
Cuando mi psicóloga me pidió que definiera lo que siento y lo que pienso por "amor". Creo que yo llamaría amor al amor de tu madre, de tu hermana, de tus amigos... o de ESA persona especial. Un amor, que vuelve al mundo rosado, en su más literal expresión. Un amor que alimenta, que te hace pensar que no valían la pena ciertas cosas, y que ya no hay razones para sentir bronca. Te hace sentir de pronto, que las motivaciones están ahí, que vos vales la pena, que el mundo te espera y es tuyo, podes hacer lo que quieras, ser lo que quieras, llegar a donde quieras.
Tus sueños tienen significado, y se hacen realidad. Tu vida tiene motivos de seguir, y la seguís con fuerzas, con ganas, con una sonrisa y los ojos centelleantes, asegurando que NADA ni NADIE puede frenarte.
Y esa persona se convierte en todo, una vez que logra revivirte. Sería lo que necesite y estaría allí cuando fuese necesario... ¿Qué menos para la persona que dio vida a tus sueños, y a vos mismo?
Ahora veo que el amor, es algo más fuerte y profundo, que en su sentido más puro, es la salvación de miles. Un condimento exquisito, o una balsa en medio del mar.
Para mí es una balsa. Me rescata. El amor y él, con sonrisas, con promesas, con palabras de aliento. Me regresaron la respiración, las ganas, los pensamientos positivos... Ahora el amor es un condimento dulce. Mientras lo tenga a él, tendré amor.
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